Comidas para llevar al trabajo: qué aguanta bien en el tupper

Llevarse la comida al trabajo sale más barato, se come mejor y ahorra la cola del mediodía. El problema no es cocinar: es que hay platos que salen perfectos de casa y llegan incomibles, y que muchas oficinas no tienen ni nevera ni microondas. Este artículo va de eso: comidas para llevar al trabajo que aguantan el viaje de verdad.

Si lo que buscas es el sistema para cocinar toda la semana de una vez, eso está en la guía de batch cooking. Aquí hablamos del tupper: qué meter dentro y cómo transportarlo.

Qué viaja bien y qué no

Aguanta perfectamente

  • Legumbres. Lentejas, garbanzos, alubias: mejoran de un día para otro. Son la mejor comida de tupper que existe.
  • Guisos y estofados. Igual: el reposo les sienta bien.
  • Arroces y pasta con salsa consistente —tomate, boloñesa, curry—. La salsa protege el hidrato de secarse.
  • Tortillas y frittatas. Buenas frías, y no necesitan microondas.
  • Cremas de verdura. En termo, incluso mejor.
  • Verdura asada. Fría o templada, sin problema.
  • Ensaladas de legumbre o cereal —lentejas con verduras, cuscús, ensalada de garbanzos—. Ganan con el aliño de unas horas.

Aguanta mal

  • Pescado blanco a la plancha. Se seca y, recalentado en un espacio compartido, huele. Mejor en guiso o al horno con salsa.
  • Pasta sin salsa. Se pega y se convierte en un bloque.
  • Fritos y empanados. Pierden todo lo que los hacía buenos. Croquetas, milanesas y patatas fritas no son comida de tupper.
  • Hoja verde ya aliñada. La lechuga con vinagreta cuatro horas antes llega mustia. La hoja va aparte y se alina en el momento.
  • Aguacate cortado. Se oxida. Va entero y se abre allí, o con limón y bien tapado.
  • Huevo frito, salsas emulsionadas tipo mayonesa hechas en casa con huevo crudo: por textura y por seguridad.
  • Todo lo crujiente en contacto con lo húmedo. Los picos, los croutons y los frutos secos van en bolsita aparte.

La regla que resuelve el 90 % de los problemas: separar

Casi todos los desastres de tupper vienen de mezclar en casa lo que debería mezclarse al comer. Lleva los componentes separados y monta el plato allí:

  • El aliño, en un tarrito aparte. Un bote de cristal pequeño o incluso un envase de muestra sirve.
  • La hoja verde, en su propio compartimento.
  • Lo crujiente, en bolsa de papel o silicona.
  • Si lleva pan, va aparte. Siempre.

Con recipientes de compartimentos esto es trivial. Con dos tarros pequeños también.

Cinco ideas para cada situación

Si tienes microondas

  1. Lentejas con verduras y un huevo duro cortado por encima al servir.
  2. Arroz integral con pollo desmenuzado y verdura asada, con un poco de salsa de yogur aparte.
  3. Curry de garbanzos con arroz. Aguanta cuatro días y no se seca.
  4. Pasta con boloñesa de carne o de lentejas. Un chorro de agua antes de calentar y queda como recién hecha.
  5. Salteado de quinoa con calabacín, pimiento y tofu o pavo.

Si no tienes microondas

  1. Ensalada de lentejas con tomate, cebolla roja, pepino y atún. Fría es mejor.
  2. Ensalada de cuscús o quinoa con verdura asada, garbanzos y limón.
  3. Tortilla de patata o de calabacín con una ensalada aparte.
  4. Wrap o bocadillo de pan integral con hummus, pavo, tomate y hoja verde. Si lo montas con el tomate hacia el centro y no en contacto con el pan, no se empapa.
  5. Crema de verduras en termo, que sale caliente sin necesitar microondas, con un puñado de garbanzos tostados.

Si no tienes nevera

Aquí hay que ser más estricto, porque el margen de seguridad es el que es. Opciones que no requieren frío durante media jornada:

  • Conservas: atún, sardinas, mejillones, legumbre de bote.
  • Hummus comercial sin abrir, pan, fruta entera, frutos secos.
  • Tomate, zanahoria, pimiento en crudo.
  • Quesos curados (aguantan mejor que los frescos).

Y la solución práctica: una bolsa isotérmica con un acumulador de frío cuesta poco y resuelve el problema entero. Con eso puedes llevar lo mismo que llevarías con nevera.

Seguridad alimentaria, sin alarmismo pero con criterio

La franja de temperatura en la que las bacterias se multiplican rápido está aproximadamente entre 5 °C y 60 °C. Un tupper que sale de casa a las ocho y se come a las dos ha pasado seis horas ahí dentro si va en una mochila a temperatura ambiente. Tres reglas que cubren lo importante:

  1. Enfría antes de cerrar y guardar. Meter comida caliente en un recipiente hermético genera condensación, y la condensación acelera el deterioro. Deja templar, cierra y a la nevera.
  2. Transporta en frío si puedes. Bolsa isotérmica y acumulador. Si no, nevera de la oficina en cuanto llegues.
  3. Recalienta bien, no tibio. Que llegue a estar caliente de verdad en el centro, no solo en los bordes. Remueve a mitad de microondas.

Dos casos que merecen mención aparte: el arroz cocido, que puede desarrollar Bacillus cereus si se deja horas a temperatura ambiente —enfríalo rápido y no lo dejes fuera de la nevera—, y el pollo, que conviene consumir en tres o cuatro días como máximo.

Recipientes: lo que de verdad cambia algo

  • Cristal antes que plástico. No absorbe olores ni se mancha, va al microondas sin dudas y dura años. Pesa más, que es el único inconveniente real.
  • Cierre con juntas de silicona y pestañas. Es la diferencia entre llevar caldo y no llevarlo.
  • Un recipiente de compartimentos. Resuelve el problema de separar sin llevar cuatro tarros.
  • Tarritos pequeños para aliños. Los de 60-100 ml son el accesorio con mejor relación coste-beneficio de toda la lista.
  • Un termo de comida si no tienes microondas. Para cremas y guisos cambia la experiencia por completo.
  • Bolsa isotérmica si no tienes nevera.

Con dos recipientes de cristal, dos tarritos y una bolsa isotérmica está cubierto el 95 % de las situaciones.

Los días en que el tupper no sale

Por realismo: alguna semana no cocinas el domingo, o te toca un día de desplazamiento sin cocina ni nevera. Para esos huecos concretos hay dos salidas razonables y una mala.

La mala es no comer y llegar a la cena con hambre acumulada, que es la forma más fiable de comer de más por la noche. Las razonables: tener un plan B no perecedero en el cajón —una lata de legumbre, atún, fruta desecada, frutos secos— o cerrar esa comida con algo medido, que es la función que cumplen los sustitutivos de comida. Para un día suelto y un formato que no necesita agua ni nevera, las barritas sustitutivas son la opción más transportable.

Lo importante es que sea el plan B y no el plan A: el tupper come mejor, sale más barato y sacia más.

Resumen

  1. Legumbres y guisos son la mejor comida de tupper. Fritos, pescado a la plancha y pasta sin salsa, la peor.
  2. Separa el aliño, la hoja verde y lo crujiente. Resuelve casi todos los problemas de textura.
  3. Frío en el transporte y calor de verdad al recalentar. Entre 5 y 60 °C es la franja a evitar.
  4. Cristal, buen cierre y un par de tarritos. No hace falta más equipamiento.

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