La respuesta corta: entre el 0,5 % y el 1 % del peso corporal por semana, lo que en un mes son aproximadamente de 2 a 4 kg para una persona de 80 kg, y de 1,5 a 3 kg para una de 65 kg. Cualquier cifra muy por encima de eso, sostenida en el tiempo, no es grasa: es agua, contenido intestinal y masa muscular.
La respuesta larga es más útil, porque explica por qué la primera semana engaña, por qué el mes dos siempre va más lento que el mes uno y qué hacer cuando la báscula deja de moverse.
De dónde sale el número
Un kilo de grasa corporal almacena en torno a 7.000-7.700 kcal. Para perderlo hace falta un déficit acumulado equivalente. De ahí:
- Déficit de 300-400 kcal/día → unos 0,3-0,4 kg por semana. Ritmo lento, muy sostenible, apenas se nota en la vida diaria.
- Déficit de 500 kcal/día → unos 0,5 kg por semana, 2 kg al mes. Es el estándar recomendado y el que más gente mantiene.
- Déficit de 750-1.000 kcal/día → 0,75-1 kg por semana. Funciona, pero cuesta sostenerlo más de unas semanas y aumenta la pérdida de músculo.
- Déficit mayor → aquí la pérdida de masa muscular se acelera, el hambre se vuelve difícil de manejar y la adherencia se hunde. El peso baja rápido y vuelve igual de rápido.
Por eso el rango del 0,5-1 % semanal no es una recomendación conservadora por prudencia: es el punto donde el peso que pierdes es mayoritariamente grasa y donde el plan aguanta más de tres semanas.
Por qué la primera semana baja mucho más
Es el fenómeno que más expectativas rompe. Casi todo el mundo pierde 2 o 3 kg la primera semana de cualquier cambio de alimentación, y luego se frustra cuando la segunda baja 400 g.
Lo que pasa la primera semana es esto:
- Glucógeno. El cuerpo almacena entre 300 y 500 g de glucógeno, y cada gramo arrastra unos 3 g de agua. Al reducir hidratos, se vacía parte de ese depósito y se va el agua con él: eso solo son 1-2 kg.
- Menos sodio y menos volumen intestinal. Comer menos procesado baja el sodio y retienes menos líquido. Y simplemente hay menos comida en tránsito.
Nada de eso es grasa. Es real —el peso ha bajado— pero no es lo que se busca, y no se repite. La pérdida de la primera semana no sirve para proyectar el resto. Si quieres saber a qué ritmo vas de verdad, mide desde la segunda semana.
Por qué el segundo mes va más lento
Tres razones, todas normales:
- Pesas menos, gastas menos. Un cuerpo de 75 kg consume menos que uno de 82 kg para hacer exactamente lo mismo. El déficit que tenías al empezar se ha encogido solo.
- Adaptación metabólica. El cuerpo reduce algo el gasto en reposo y, sobre todo, la actividad espontánea: te mueves menos sin darte cuenta, gesticulas menos, subes menos escaleras. Este efecto es real y puede suponer un par de cientos de kilocalorías.
- Relajación progresiva. Al mes y medio la medida de las porciones se vuelve más generosa, aparecen más días de excepción y el registro se hace a ojo. Es la causa más frecuente de las tres, y la más fácil de corregir.
Cuando la báscula se estanca
Antes de cambiar nada, hay que distinguir entre una fluctuación y un estancamiento real.
El peso oscila 1-2 kg entre días por razones que no tienen nada que ver con la grasa: sal de la cena anterior, hidratos del día previo, ciclo menstrual, tránsito intestinal, entrenamiento de fuerza reciente —que provoca retención por inflamación muscular—, mal descanso. Mirar el peso de un día contra el de ayer no informa de nada.
Cómo medir bien: pésate varios días a la semana, en las mismas condiciones —al levantarte, después del baño, sin ropa— y quédate con la media semanal. Solo hay estancamiento si la media semanal no se mueve durante tres semanas seguidas. Dos semanas planas son ruido.
Si el estancamiento es real, en este orden
- Comprueba las cantidades. Antes de tocar el plan, revisa si el plan se está cumpliendo. Aceite a chorro libre, picoteos no contados, bebidas: la mayoría de los estancamientos son esto y se arreglan volviendo a medir una semana.
- Sube la actividad antes de bajar la comida. Añadir pasos es casi siempre mejor idea que recortar más calorías, porque no aumenta el hambre.
- Revisa la proteína. Si es baja, estarás perdiendo más músculo del necesario, lo que hunde el gasto. Alrededor de 1,6 g por kilo de peso es una referencia razonable en déficit.
- Mira el sueño. Dormir mal desregula el apetito de forma medible al día siguiente. Es la variable que más se ignora.
- Solo entonces, ajusta el déficit en 200-300 kcal. No más.
- Considera una pausa. Una o dos semanas comiendo en mantenimiento, sin ganar peso, ayudan a recuperar adherencia y a veces reactivan la pérdida después. No es perder el tiempo.
Lo que la báscula no te cuenta
Un mes con la báscula parada puede ser un mes de progreso real. Si has empezado a entrenar fuerza, es perfectamente posible perder grasa y ganar algo de músculo simultáneamente, sobre todo si vienes de estar sedentario. El peso se queda igual y el cuerpo ha cambiado.
Por eso conviene medir otras cosas: perímetro de cintura —el dato más informativo y el más barato—, cómo queda una prenda concreta, fotos en las mismas condiciones cada cuatro semanas, y fuerza o resistencia en lo que entrenes. Si la cintura baja y el peso no, estás progresando.
Qué hacer para que el mes uno no sea el único bueno
El patrón habitual es perder bien cuatro semanas, aflojar, y recuperar. Lo que lo evita no es más restricción, es que el plan no dependa de la fuerza de voluntad diaria:
- Que la comida esté resuelta antes de tener hambre. Cocinar una vez por semana elimina las decisiones improvisadas, que son las que rompen el déficit: es el batch cooking.
- Que cada comida sacie. Proteína, fibra y volumen en el plato hacen que el déficit se note mucho menos. Lo explicamos en alimentos saciantes.
- Que las comidas difíciles tengan una salida prevista. El día de viaje, la jornada sin pausa, la cena de las once. Cerrar esas comidas concretas con algo medido, como un sustitutivo, evita que un día desordenado se convierta en una semana perdida.
- Entrenar fuerza dos veces por semana. Es lo que determina que lo que pierdas sea grasa y no músculo.
Y sobre lo que pasa al terminar: el peso vuelve cuando se vuelve exactamente a lo de antes, porque el plan nunca cambió los hábitos, solo los suspendió. El mecanismo está desarrollado en el artículo sobre el efecto rebote.
Resumen en cuatro cifras
- 0,5-1 % del peso por semana. El ritmo sostenible.
- 2-4 kg al mes para una persona de unos 80 kg. Menos si pesas menos.
- 3 semanas de media semanal plana antes de considerar que hay estancamiento.
- 500 kcal/día de déficit como punto de partida razonable.
Si tienes una patología, tomas medicación o partes de un peso muy elevado, el ritmo adecuado en tu caso lo debe marcar un profesional sanitario: los rangos de este artículo son orientativos para población general adulta y sana.
